Urge romper protección política para los cárteles
Ciudad de México
El debilitamiento de las poderosas organizaciones criminales del país depende de romper la protección política que reciben, con la detención de funcionarios y gobernadores que se aprovecharon de su cargo para enriquecerse, afirmó Guillermo Valdés Castellanos, ex director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen).
Valdés señaló que la reducción de la inseguridad y la violencia pasa por debilitar a las “poderosísimas organizaciones criminales” que cometen los delitos, ya sean Los Zetas, del Cártel Jalisco Nueva Generación, el de Santa Rosa de Lima, o bandas como Los Pelones o Los Rojos.
“Pero hay una banda particularmente perniciosa que es la de los políticos que los protegen. Y entonces las dos políticas prioritarias del eje de reducción de violencia e inseguridad tienen que ser desarticular a las organizaciones criminales y romper el vínculo entre política y crimen organizado.
“O sea, hay que meter a la cárcel igual al Mencho que a todos los gobernadores y políticos y funcionarios que los han protegido, y que han aprovechado su puesto para crear empresas criminales, como la del huachicol fiscal”, advirtió Valdés durante una exposición ante consejeros de Somos México, organización que busca el registro como partido político nacional.
Al esbozar lo que tendría que ser la propuesta de la agrupación en materia de seguridad, Valdés Castellanos planteó que una vez que se haya desarticulado a las organizaciones criminales y a su red de protección política y policíaca, se deberán diseñar políticas de seguridad específicas por estado.
Sostuvo que ahí la estrategia estatal podrá atacar la extorsión, el secuestro, la trata de personas o los robos en el transporte, porque cada entidad tendrá una estrategia dependiendo sus delitos más graves y del tamaño de sus bandas criminales.
Destacó que el país suma 20 años sin resultados en materia de seguridad, pero la política de “abrazos y no balazos” agravó la situación.
“El diagnóstico lo conocemos, el nivel de violencia, el nivel de empoderamiento económico y político de las organizaciones criminales en México, alcanzó niveles impensables, inéditos, gracias a la política de los abrazos y no balazos, eso creo que ya lo damos por hecho”, destacó.
Urgió a que haya una propuesta de consenso, porque después de 20 años la población está cansada de vivir en el miedo, en la inseguridad y con el temor de que sus hijos no regresen después del trabajo.
“Llevamos cuatro sexenios fracasando en el combate a la criminalidad, no podemos definir la política con base en echarle culpas a los gobiernos, en pelarse con los partidos, o sea, la política pública en materia de seguridad tiene que responder a los intereses de la sociedad, con una visión de largo plazo, porque el problema rebasa sexenios, rebasa partidos, rebasa gobierno, lo hemos visto”, explicó.
NO POLITIZAR NI PARTIDIZAR
Un primer paso, destacó Valdés, es garantizar que la estrategia de seguridad no se va a politizar ni partidizar, porque contradecir las medidas del gobierno anterior no lleva a nada.
“Hay que pensar en una solución de largo plazo, sin politizar, sin partidizar y, por tanto, necesitamos tomar todo lo bueno que se haya hecho en cualquier administración, en cualquier gobierno estatal, y desechar las políticas que no han funcionado”, detalló.
Segundo paso, agregó, es construir políticas de seguridad desde lo local, sin apostar a soluciones universales y definidas desde el gobierno federal.
“La seguridad se construye con la participación de los gobiernos locales, de las sociedades, de las comunidades, y desde ahí va a reconstruyéndose las instituciones y las soluciones que se apoyan en una visión federal e incluso regional”, puntualizó.
Como tercer punto, la estrategia debe tener mayor participación de la sociedad.
Un cuarto punto es que las estrategias de seguridad cumplan con tres requisitos: eficacia, que sí reduzcan índices y baje la violencia; legalidad, que no se violen derechos humanos; y legitimidad, que haya el aval de la sociedad en su conjunto.


